No os Afaneís por el Día de Mañana

Mateo 6:34  “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán.”

Dios estuvo con el pueblo Israel durante su travesía por el desierto, y los alimentó durante 40 años. Y aunque nosotros no estamos en ningún desierto, en muchos casos estamos caminando por situaciones en donde sentimos que no podemos más, que las fuerzas nos faltan y que los recursos se agotan. Es ahí en donde el enemigo que está al acecho de nosotros, comienza a atacar nuestra mente, trayendo desilusión, amargura, depresión, y en el peor de los casos resentimientos con el mismo Dios.

 

La biblia registra esos momentos por el desierto:

Éxodo 16:35 “Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán.”

Salmos 78:24-25 "E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarles."

Dios advirtió a los hombres que no guardasen el mana del cielo para el día siguiente, puesto que el mismo se pudriría si lo desobedecían. Lo mismo advierte el Señor Jesucristo en el presente para los que tienen fe: "Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud."

Cada día al levantarnos nuestras mentes son bombardeadas por pensamientos de nuestro propio corazón, por las cuentas por pagar, por la publicidad, por lo que otros están alcanzando y nosotros no. Y aunque algunas de estas cosas son válidas pensarla, también es cierto que nuestro corazón se inquieta más allá del grado de tolerancia y esto nos pasa cuenta a nuestra salud física y espiritual. Nuestro semblante decae y ya no solo estamos afectados nosotros, sino que comenzamos a afectar a todos aquellos que conviven o pasan parte de día junto a nosotros.

Dios desea que confiemos plenamente en él y no en nuestras propias fuerzas. Que depositemos nuestras cargas sobre él porque él tiene cuidado de nosotros. ¿En quién más sino en el Señor podemos estar más seguros?

La Fe en Dios trabaja en nuestro interior y ocasiona total confianza en él. Recordemos que sin Fe es imposible agradar a Dios. Nuestra Fe aumenta cuando creemos lo que Dios es capaz de hacer. Y Dios hará en nuestras vidas conforme a nuestra Fe. Dudar de su protección y de su favor, no le agrada y por el contrario, nos vuelve incrédulos.

Acerquémonos confiadamente ante su presencia tirémonos en sus brazos. “Deléitate en Jehová, y él concederá las peticiones de tu corazón” Salmo 37:4